Algunos comentarios
apuntan a que podría ser una familia de etnia gitana
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| (Imagen: Vicente Vicens) |
Cuando a Carmen Castaño le sonó ayer el teléfono a las 8 de
la mañana y 15 minutos se temió lo peor. «Pensaba que me iban a decir que
alguien se había muerto». Craso error. Al descolgar y escuchar la voz de uno de
los directores de las tres entidades bancarias de La Ñora, doña Carmen supo que
el de ayer iba a ser un buen día para el receptor mixto de lotería de la tienda
de la calle Amargura que ella inauguró hace 53 años, y que su hijo, José Hellín
Castaño, regenta desde 1992. No se equivocó. Su hijo Pepe 'el de las Quinielas'
había vendido un boleto de la Bonoloto que por solo 6 euros, tres columnas,
había repartido 1.745.000 euros a los números 7-33-23-42-8-29;
con el 39 de complementario, y el 3 para el reintegro. El premio es el cuarto
más grande dejado en la historia por la Bonoloto en la Región.
El establecimiento fue todo el día un hervidero de clientes
habituales, como Juana Gómez. «¡Enhorabuena! ¡No me lo has dado a mí, pero yo
siempre soy muy fiel a mi Pepe!». De las felicitaciones y las sonrisas pronto
se pasó a las cábalas por todo el pueblo sobre la identidad de los ganadores.
El primer 'avistamiento' se produjo en el Bar Daniel. Allí, su propietario,
Pepe Aráez, confirmó a pie de barra que «desde las nueve de la mañana la gente
está diciendo que el ganador ha sido un tal Ramón, porque ha madrugado y nunca
lo hace». En solo unos minutos, todas las miradas de los vecinos se centraban
en Los Casones. Pero en esta zona de viviendas sociales de la pedanía, donde
residía el tal Ramón, los miembros de dos familias de etnia gitana afirmaban
que el ganador era otro. «¡Cómo va a ser él! ¡Qué ruina! Mi hijo no puede ser;
si yo recojo chatarra», exclamaba su padre. Los integrantes de esos clanes
aseguraban que el ganador «reside en Los Jaros». Otra zona deteriorada de la
pedanía de viviendas sociales.
La confusión se extendió como la pólvora entre vecinos y en
establecimientos comerciales, como un supermercado próximo a la calle Rosario,
e incluso por las tres entidades bancarias. De hecho, desde una de ellas se
llegó a telefonear al patriarca de uno de los clanes, asentado en Los Jaros. En
el punto de lotería, José Hellín aseguraba que «no adivino quién puede ser el
ganador, porque por aquí pasan hasta 200 personas al día. Es una zona de paso
hacia la plaza de la Biblioteca, donde están los autobuses y la UCAM. Nosotros
nos hemos enterado por los directores de los bancos. Yo creo que el ganador aún
no lo sabe». Lo único seguro a ciencia cierta es que el ganador todavía tiene
hoy la oportunidad de hacerse con un segundo premio, puesto que, al tratarse de
un boleto semanal, juega en los sorteos de la Bonoloto del lunes, martes,
miércoles y viernes. Entretanto, el lotero lanzaba velados mensajes al ganador.
«Algo haremos para celebrarlo, sobre todo si nos invita a pajera abierta».
Otros vecinos, como Manolo, a sus 81 años, eran más gráficos y aseguraba a sus
compañeros del Casino que «yo me gastaba el premio en prostitutas y en los
pobres». Justo el estatus social, el de los pobres, que a partir del próximo
lunes abandonará el agraciado, cuando haga efectivo el premio. Ayer por la
noche, en Los Casones, confirmaron que el tal Ramón «estaba en Murcia porque
había quedado para salir de fiestas con unas 'payas'». El otro presunto
ganador, del mismo nombre, no paraba de recibir visitas de sus familiares en
Los Jaros. Circunstancias que permiten intuir que entre clanes anda el premio.
(J. García Badía. La Verdad)


