El cauce de esta rambla, junto con otros, provocó la famosa riada de
Santa Teresa en 1879
![]() |
| Imagen de época de la riada de Santa Teresa de 1879 |
Una de las riadas que ha quedado
grabada a fuego en la historia de Murcia es la famosa avenida que se tuvo lugar
entre el 14 y el 15 de octubre de 1879, conocida como La riada de Santa Teresa. Precisamente la confluencia de tres
grandes vías de agua, las del Guadalentín, El Segura y la Rambla de la Viznaga
provocaron este desastre natural que causó cuantiosas víctimas y la destrucción
de muchos pueblos, alcanzando la virulencia
de sus aguas a la propia capital murciana. Hubo muchos muertos en la
mayoría de pueblos vecinos. Nonduermas quedó prácticamente arrasado y en Rincón
de Seca y de Beniscornia también hubo que lamentar la pérdida de vidas humanas.
Curiosamente en nuestro pueblo no hubo víctimas mortales, aunque los daños
materiales fueron cuantiosos. El desastre fue de tal magnitud que se puede
hablar de un antes y un después de la famosa riada. El trazado urbano de estos pueblos
damnificados sufrió sensibles alteraciones a partir de ella.
Todo parece indicar y nos sugiere
que fue un episodio de “gota fría” el que provocó aquel desastre y también la
horas de la madrugada en las que las fuertes corrientes de agua comenzaron a
anegar pueblos y ciudades, cogiendo a los huertanos desprevenidos, destrozando
muchas barracas, caminos, huertos, árboles y plantíos, aldeas y barrios
enteros, que quedaron asolados. Esta riada no solo tuvo repercusión en toda
España, sino también en Europa, desde donde se generó una corriente de
solidaridad hacia los damnificados de Murcia. El propio Rey Alfonso XII llegó
por ferrocarril hasta Alcantarilla para inspeccionar la zona y se detuvo en
Nonduermas, uno de los lugares que mayor daño sufrió.
![]() |
| Riada de 1983. |
Posteriormente y tras la amarga
lección recibida, se fueron encauzando muchas ramblas, ramblizos , caminos
hondos, escorrentías y sistemas de evacuación de aguas y se acondicionó el
Guadalentín o Reguerón, realizándose algunas obras en el río Segura. No
obstante aún se sufrieron avenidas de cierta importancia, como la de 1946 o
1973, aunque sin las gravísimas consecuencias de la de Santa Teresa. Hoy el
Segura se encuentra encauzado, suprimidos muchos meandros y ampliada la
capacidad de su cauce, pero conviene no bajar la guardia. Un episodio de “gota
fría” es impredecible y hoy vemos cómo muchos caminos hondos, azarbes,
azarbetas, acequias y vías de evacuación han sido casi borradas del mapa; se
han cimbrado unas, encumbrado su nivel en otras o entubado las demás. Se ha
aumentado la altura de los caminos hondos, convirtiéndolos en carreteras y
permitiendo edificar en sus márgenes y todo el viejo sistema de riego de la
huerta ha sido alterado. Ojalá no haya que lamentar tantos desatinos. Las
ramblas y el río deben estar siempre dispuestos a absorber los excesos que un
fuerte temporal de lluvias pueda provocar, porque la Naturaleza es impredecible
y la Historia se puede volver a repetir. No lo olvidemos.
(Redacción)



