sábado, 28 de septiembre de 2013

Comienza el deslinde de la Rambla de la Viznaga en Lorca



El cauce de esta rambla, junto con otros, provocó la famosa riada de Santa Teresa en 1879

Imagen de época de la riada de Santa Teresa de 1879
Una de las riadas que ha quedado grabada a fuego en la historia de Murcia es la famosa avenida que se tuvo lugar entre el 14 y el 15 de octubre de 1879, conocida como La riada de Santa Teresa. Precisamente la confluencia de tres grandes vías de agua, las del Guadalentín, El Segura y la Rambla de la Viznaga provocaron este desastre natural que causó cuantiosas víctimas y la destrucción de muchos pueblos, alcanzando la virulencia  de sus aguas a la propia capital murciana. Hubo muchos muertos en la mayoría de pueblos vecinos. Nonduermas quedó prácticamente arrasado y en Rincón de Seca y de Beniscornia también hubo que lamentar la pérdida de vidas humanas. Curiosamente en nuestro pueblo no hubo víctimas mortales, aunque los daños materiales fueron cuantiosos. El desastre fue de tal magnitud que se puede hablar de un antes y un después de la famosa riada. El trazado urbano de estos pueblos damnificados sufrió sensibles alteraciones a partir de ella.

Todo parece indicar y nos sugiere que fue un episodio de “gota fría” el que provocó aquel desastre y también la horas de la madrugada en las que las fuertes corrientes de agua comenzaron a anegar pueblos y ciudades, cogiendo a los huertanos desprevenidos, destrozando muchas barracas, caminos, huertos, árboles y plantíos, aldeas y barrios enteros, que quedaron asolados. Esta riada no solo tuvo repercusión en toda España, sino también en Europa, desde donde se generó una corriente de solidaridad hacia los damnificados de Murcia. El propio Rey Alfonso XII llegó por ferrocarril hasta Alcantarilla para inspeccionar la zona y se detuvo en Nonduermas, uno de los lugares que mayor daño sufrió.

Riada de 1983.
Posteriormente y tras la amarga lección recibida, se fueron encauzando muchas ramblas, ramblizos , caminos hondos, escorrentías y sistemas de evacuación de aguas y se acondicionó el Guadalentín o Reguerón, realizándose algunas obras en el río Segura. No obstante aún se sufrieron avenidas de cierta importancia, como la de 1946 o 1973, aunque sin las gravísimas consecuencias de la de Santa Teresa. Hoy el Segura se encuentra encauzado, suprimidos muchos meandros y ampliada la capacidad de su cauce, pero conviene no bajar la guardia. Un episodio de “gota fría” es impredecible y hoy vemos cómo muchos caminos hondos, azarbes, azarbetas, acequias y vías de evacuación han sido casi borradas del mapa; se han cimbrado unas, encumbrado su nivel en otras o entubado las demás. Se ha aumentado la altura de los caminos hondos, convirtiéndolos en carreteras y permitiendo edificar en sus márgenes y todo el viejo sistema de riego de la huerta ha sido alterado. Ojalá no haya que lamentar tantos desatinos. Las ramblas y el río deben estar siempre dispuestos a absorber los excesos que un fuerte temporal de lluvias pueda provocar, porque la Naturaleza es impredecible y la Historia se puede volver a repetir. No lo olvidemos.

(Redacción)