El reciente caso de la agresión a
un muchacho, el robo e incendio de su coche y de otras pertenencias, además del
acoso y ensañamiento contra esta persona, por parte de unos niñatos violentos
entre los que se encontraba el hijísimo
José A. Ortega Cano junior, ocurrido
frente a un famoso “puticlú” (o como
se quiera decir y al que el famoso hijito parece ser asiduo) nos trae a la
memoria la poco edificante trayectoria de otros muchos hijísimos e hijísimas que aparecen con asiduidad en la llamada (castizamente)
prensa
del pendoneo hispano que suele alardear un día sí y otro también las
andanzas de estas auténticas joyas.
Salvo honrosas excepciones, la mayoría suele
ser toda una legión de vividores en jaulas de oro, indolentes medio
idiotizados, gandules, inútiles, delincuentes, pasea-cachas, estrena-braguitas y descerebrados cuyo coeficiente
mental debe andar, seguramente, porla cola de la escala. Claro que si tenemos
en cuenta la sombra y el paraguas bajo el que se crían, el grado de tolerante
despreocupación y la calidad de educación que reciben estos angelitos, no es de extrañar que luego
se comporten de la forma que lo hacen.
En un país donde la picaresca y
el parisitismo social se valoran como virtudes dignas de admiración y envidia,
de ciertas cadenas de TV donde se alienta la vulgaridad más escandalosa y de
cierta prensa vergonzante que se hace eco de tales modos de vida no resulta extraño que ocurran estas cosas: lo
realmente sorprendente es que no sucedan con más frecuencia y con peores
consecuencias. ¿Estudiar, trabajar y tener una mínima utilidad social? ¿Para
qué? ¡Si tienen todo cuanto necesitan y aún más con solo abrir la boquita! Y si
falla el maná siempre tendremos a los famosos progenitores, legales, adoptivos
o naturales, que poco importa, para saciar el caprichoso “way of life” del hijito/hijita
entrando en el perverso estercolero de la corrupción (blanqueo de dinero,
evasión fiscal, tráfico de lo que sea, estafas y un largo etcétera) Esta es una
buena parte de la España famosa, esa que llena pantallas de TV y ocupa
titulares de prensa, revistas y hace estragos en las redes sociales ¡faltaría
más! Y lo peor de todo es que cuanta más fama, más zorreo vulgar se pasea por la vieja piel de toro. Y cuando no, a
hacer las Américas, que allí la “coca” está a precio de saldo…
Yo no sé cómo ustedes, amigos
lectores, encararán esta situación, pero a mí, personalmente, es tanto el asco
que siento por esta gentucilla que
hasta se me han quitado las ganas de vomitar, porque vomitar ya no sirve para
nada en esta ruina de país que nos han procurado los unos y los otros. Espero
que algún día, unos gobernantes honrados y sin que les tiemble el pulso, estableciendo
una auténtica democracia real sin complejos, pongan punto final a todo este
enjambre de parásitos de la peor ralea y les obligue a ganarse el pan como hace
el pueblo sencillo y trabajador: a base de esfuerzo, sacrificio y mucha
honradez.
Dom Perignon

