La limpieza de sus aguas hace posible que los bañistas puedan darse un
buen chapuzón como en los años 60
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| (Imagen: J.M.G.) |
No deja de ser una grata imagen
volver a contemplar a la gente bañándose en las aguas del Segura, como solíamos
hacer en los años 60 del pasado siglo XX. Era entonces nuestro río un lugar
paradisíaco, con bancos de arena en buena parte de sus riberas, con aquellos
mimbrales que se inclinaban a besar sus aguas y toda la riqueza de su fauna piscícola,
que tantos pescadores aprovechaban para capturar algunos barbos, anguilas y más
de una carpa, aunque el baño veraniego convocaba a todos los niños y jóvenes –y
también adultos- d elos pueblos ribereños. Había sendas por entre los espesos
cañaverales que nos conducían directamente a su cauce, bajo la sombra de álamos
y chopos que crecían en sus márgenes, junto a
los espinosos rosales silvestres y la madreselva.
Hoy, después de décadas de
abandono y contaminación de sus aguas, podemos volver a contemplar un río de
aguas limpias. La imagen que nos ofrecen estos bañistas ataviados con
neoprenos, trajes de baño, gorro y gafas, son indudablemente muy gratas, porque
tras casi medio siglo de abandono, nos ofrecen la imagen de un cauce vivo que
recupera su tradicional vitalidad y regeneración. La CHS junto a otras empresas como Master
Murcia y Alana Aventura deben seguir el camino emprendido para asegurar que el
viejo Thader romano vuelva a ser el río que conocimos y podamos mostrar los
murcianos su estampa con orgullo, dejando atrás para siempre los viejos
recuerdos de aquel Segura contaminado y maloliente que tanta tristeza dibujó en
el rostro de los huertanos que nos criamos y crecimos junto a él.
(Redacción)


