jueves, 30 de mayo de 2013

(Opinión): El chantaje de Bruselas



A España se le concederá más margen y más tolerancia en función al grado de servidumbre que esté dispuesta a otorgar a las directrices comunitarias.
 
Las cosas están claras. Y las intenciones también. España gozará de cierta tolerancia en sus objetivos de déficit y grado de endeudamiento, en la medida en que esté dispuesta a plegarse a la dialéctica comunitaria. O lo que es igual: ceder prácticamente toda su soberanía al dictado de Bruselas. Este es, en síntesis, el mensaje recibido y la propuesta que hay sobre la mesa. O lo que también es igual: la total servidumbre a los intereses mercantiles y capitalistas de esa Babel de usureros y especuladores que es, a fin de cuentas, la llamada Unión Europea, cuyo país líder, Alemania, está emulando la hegemonía a la que aspiró su III Reich en los años 40 por vía militar. Aquellos sueños de grandeza no pudieron llevarse a cabo, aunque más de medio siglo después lo está consiguiendo por otros procedimientos. Es cierto que perdieron la guerra, pero la nueva ocupación hegemónica ha venido de la mano del capital y así podríamos asegurar que aquella derrota militar trajo consigo la victoria económica.

Alemania y los países del Norte europeo están en una escala superior a los países del sur. No hay más que ver los efectos de la crisis en Portugal, España, Italia o Grecia y compararla con los que tiene en los Estados nórdicos. Pero ya no es solo el aspecto económico (pese a su vital importancia) sino el modo en que nuestras sociedades y sus sistemas deberán ir acoplándose a los dictados de Bruselas en todos los órdenes. Y al final, al término de ese calvario de crisis que nos está agobiando desde hace tantos años, habrá un claro resultado de 26 + 1, o lo que es igual, traducido en hechos reales: Alemania sobre todo y sobre todos en el mundo como rezaba su himno en la tenebrosa época hitleriana. Baste un simple ejemplo: la Comisión Europea ha propuesto recientemente ampliar al 6,5% el margen de déficit para España en este año, dos décimas más (equivalentes a unos 2.000 millones de euros) que el 6,3% que había pedido el Gobierno de Mariano Rajoy. El objetivo vigente es del 4,5% Bruselas, a cambio, exige a España modificaciones en el IVA y en el sistema de pensiones (¡lagarto, lagarto!) reformar la administración local e introducir cambios en la reforma del mercado laboral.

El Ejecutivo comunitario ha decidido no lanzar de momento un expediente sancionador contra España por desequilibrios excesivos, sin embargo ha fijado un calendario acelerado para las reformas ya previstas por el Gobierno. ¿Qué más se puede pedir?
En materia fiscal, Bruselas reclama una revisión sistemática del sistema tributario para marzo de 2014. En esta revisión debe explorarse la posibilidad de subir el IVA a algunos productos a los que se aplica hoy el IVA reducido del 10% que pasaría al 21%. El Gobierno de Mariano Rajoy tendrá además que adoptar medidas adicionales respecto a los impuestos medioambientales, sobre todo los impuestos sobre los carburantes; también el ejecutivo español debe considerar una mayor limitación del gasto fiscal relativo a la imposición directa y también adoptar medidas adicionales para reducir el sesgo a favor del endeudamiento en el impuesto de sociedades. La Comisión reclama asimismo intensificar la lucha contra la economía sumergida y el trabajo no declarado.
El Ejecutivo comunitario ha confirmado además la prórroga de dos años, hasta 2016, para que España reduzca el déficit por debajo del umbral del 3% que marca el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Su justificación es que el Gobierno de Rajoy ha cumplido los ajustes estructurales exigidos en 2012 y que la situación económica ha empeorado.
Las propuestas de Bruselas deben ser ahora aprobadas por el Eurogrupo y el Ecofin en su reunión de junio y avaladas por la cumbre de líderes europeos que se celebrará a finales de ese mes. Todo un soberbio ejercicio de intromisión, orientación y dirigismo totalitario hacia la soberanía –ya casi inexistente- de un país ¿o debemos decir protectorado? Medite el ciudadano. Medite bien. Y ahora díganme si es lícito el euroescepticismo…

L. Sánchez-López