Inicialmente fue uno de aquellos intérpretes de pandereta aunque gracias a su talento supo convertirse en
un gran actor
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| (Landa en una escena de "Los santos inocentes") |
Hubo muchos aficionados que en su momento pensaron que
Alfredo Landa estaba predestinado a pasar a la historia del cine español como uno
de aquellos actores al uso que en los años sesenta y setenta participaban en
unas producciones mediocres y banales, muy propias de la época. Películas que
reflejaban la realidad de un país que estaba tímidamente haciendo una primera
transición desde el cine ideológico y místico-religioso de los 50 a un concepto cinematográfico más
amplio que podía sentar las bases de un estilo más profesional, con más calado y
alcanzar el nivel del que se hacía en Europa. Otros muchos actores y actrices
se quedaron en esa clasificación, sin embargo Landa pudo superarse a sí mismo,
desterrar el mito un tanto peyorativo del “landismo” y convertirse en el gran
actor que acabó siendo. Películas como “Los santos inocentes”, “La vaquilla” o
“El bosque animado” nos mostraron a un intérprete con gran talento que rompía
viejos moldes y alcanzaba su plena madurez.
Ayer falleció en Madrid a los 80 años tras una larga
enfermedad que tanto él como su familia mantuvieron en la más estricta
intimidad; sus restos mortales han sido incinerados después de un pequeño
responso, ante la discreción de sus allegados y el respeto de cientos de
periodistas. Su esposa e hijos recibían abrazos que en muchos casos se
demoraban minutos, mientras sus hermanas, Idoia y Ainhoa, aguantaban a su
madre, Maite, de tanto en tanto, tomándola de la mano Con ellos estaba también
el director de cine José Luis Garci, que no se separó de los hijos de Landa, y
les acompañó hasta el momento de despedir el féretro, con los restos mortales
camino de la incineradora en el cementerio de Santa Ana de la localidad
madrileña de Colmenar Viejo, un lugar muy tranquilo rodeado de campo.
Mensajes en las decenas de ramos y coronas de flores que
despedían al actor; algunas, como la llegada desde Arróniz (Navarra),
recordándole para siempre como "hijo predilecto"; la de Julio
Iglesias, rosas rojas formando una cruz, enviando su cariño "para
siempre"; o las espectaculares coronas de Navarra, de la Comunidad de
Madrid o de la Academia del Cine. Junto a la familia han estado un puñado de
amigos, como el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce; el productor y
presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, o los eternos secundarios
Jesús Guzmán, Pepe Carabias y Manolo Zarzo. También su compañera en 'Biba la
banda' (1987) y 'Canción de cuna' (1994), una emocionada Fiorella Faltoyano,
que ha recordado a Landa como "uno de los grandísimos que se nos han ido
el último año, en el que ha desaparecido una generación grandiosa" y junto
a ella el realizador Fernando Méndez-Leite ha recordado sus comienzos como
doblador, su "memorable" interpretación del emperador de China en '55
días en Pekín' (1963) y sus muchos "westerns". "Era un actor
absolutamente fantástico, un tipo muy divertido y con muy mala leche, con
perdón, y con una sorna increíble", ha señalado el actual director de la
Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid. Además,
ha resaltado, "tiene hitos desde el ámbito puramente comercial, como 'No
desearás al vecino del quinto' (1970) o 'No somos de piedra' (1968), o el cine
más de autor, películas como 'El bosque animado' (1987) o 'Los santos
inocentes' (1984)". José Luis Garci ha dicho de él: "era un actor
colosal desde el principio. Había hecho teatro y doblaje, donde aprendió a
dominar los matices. Estaba dotado para la comedia, para el drama, la
tragicomedia, el melodrama, podía hacer cualquier tipo de cine, lo mismo Chejov
que Tennesse Williams". "Él decía que era un todoterreno, pero en
cualquier caso yo creo que lo era, pero con un motor de Rolls Royce",
remata el ganador de un Óscar con 'Volver a empezar' (1982).
(Agencias/Redacción)


